Emociones negativas: cómo gestionarlas

No cabe duda de que si hay algo que los padres y madres intentan evitar a toda cosa es el sufrimiento de sus hijos e hijas. Su preocupación es constante desde los primeros momentos del embarazo y los posteriores al nacimiento: “¿Estará bien? ¿Tendrá frío? ¿Calor? ¿Llorará porque tiene hambre?”.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos, resulta inevitable que exista cierto nivel de disconformidad y angustia a medida que vamos creciendo: los “mayores” lo sabemos bien. Es imposible pasar un solo día en el que todo vaya “sobre ruedas” todo el tiempo: nos sentiremos preocupados o enfadados ante un mal gesto o una mala contestación de alguien, decepcionados con nosotros mismos si algo no nos sale como esperábamos o tristes al escuchar una determinada noticia. ¿Tienen las emociones negativas algún aspecto positivo? Las emociones existen porque tienen una función, sirven para algo. De hecho, el que podamos sentir alegría o tristeza resulta fundamental para nuestra supervivencia como especie, ya que las emociones nos ayudan a tomar decisiones.

En qué consiste en realidad un sentimiento

Además, las emociones resultan fundamentales para la comunicación, ya que normalmente, tienen un efecto sobre el otro. Si sentimos angustia o tristeza[1], normalmente esperamos que otro nos calme, que se acerque a nosotros, que nos pregunte qué nos pasa o si puede hacer algo para ayudarnos. Esto lo podemos entender desde cuando un niño llora y acude a su madre o padre, o cuando un adulto con una crisis de ansiedad acude a un servicio de urgencias: en ambos casos se espera que haya un otro que contenga y calme.

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Los hijos observan

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Cuando pensabas que no te veía, te vi pegar mi primer dibujo al refrigerador, e inmediatamente quise pintar otro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable vivir, pendiente de detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las cosas especiales de la vida.

Cuando pensabas que no te veía, te escuché pedirle a Dios y supe que existía un Dios al que le podría yo hablar y en quien confiar.

Cuando pensabas que no te veía, te vi preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros.

Cuando pensabas que no te veía, te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a personas que no tienen nada y aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con quienes no tienen.

Cuando pensabas que no te veía, te sentí darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi atender la casa y a todos los que vivimos en ella y aprendí a cuidar lo que se nos da.

Cuando pensabas que no te veía, vi como cumplías con tus responsabilidades aún cuando no te sentías bien, y aprendí que debo ser responsable cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, y que está bien llorar.

Cuando pensabas que no te veía, vi que te importaba y quise ser todo lo que puedo llegar a ser.

Cuando pensabas que no te veía, aprendí casi todas las lecciones de la vida que necesito saber para ser una persona buena y productiva cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, te vi y quise decir:

¡Gracias por todas las cosas que vi, cuando pensabas que no te veía!

“No te preocupes porque tus hijos no te escuchan… te observan todo el día”. Madre Teresa de Calcuta

Consejos para tener un hijo inútil

Con tono de humor nos han llegado al blog del Apa 10 consejos eficaces para conseguir que tu hijo sea un verdadero inútil. Entendemos el tono en que está escrito, por tanto, no perdamos el rumbo:
  • 1.- Facilítale todo lo que puedas las cosas porque así evitarás que sufra y se canse innecesariamente.
  • 2.- Hazle la cama para que no pierda el autobús, ordénale la habitación para que aprenda a ser ordenado, y ponle siempre la comida que más le gusta para que vuelva contento del colegio a casa.
  • 3.- Dale el dinero que necesite para sus gastos. Es muy frustrante no poder comprar todo lo que uno quiere.
  • 4.- Si te pide ir a una fiesta, dile que sí independientemente de sus notas. Es traumático pensar que van a ir todos sus amigos menos él.
  • 5.- Cuando llegue a casa, déjale que se meta en su habitación, cierre la puerta, ponga la música y chatee con sus amigos mientras estudia, a esta edad es importante socializarse y además necesita comentar todas las tensiones que ha sufrido en el colegio.
  • 6.- Si te dice que un profesor le ha mirado mal y le ha puesto mala nota, llama rápidamente al colegio y pregunta por el director para que le pongan firme a  ese profesor. Los profesores ya no son lo que eran antes.
  • 7.- Cómprale el último modelo de iphone ya que si no lo tiene sus compañeros le podrían hacer bullying por ser el único que no lo tiene.
  • 8.- Mientras tú recoges la cocina, déjale que se siente en el sofá a ver la tele. Es el único momento que tiene para ver su programa favorito.
  • 9.- Si no se levanta puntual de la cama y pierde el autobús para ir al colegio, déjale que se quede un ratito disfrutando en casa y luego llévale al colegio en coche para que haga el examen. No te olvides de
    preparar la nota de justificación de que el chiquillo ha pasado una mala noche.
  • 10.- Defiéndele siempre delante de todos, y dale siempre la razón. Es importante que vaya reforzando su autoestima y ganando en seguridad.
  • Fuente: Eli Bengoetchea. www.sontushijos.org

¿Cómo ser un buen padre?

COFAPA recomienda libros de interés para los padres de alumnos. El último “Cómo ser un buen padre” es una lectura muy valiosa gracias a los casos prácticos que nos presenta.

La educación de los hijos sigue siendo en pleno siglo XXI una misión apasionante e ineludible al mismo tiempo.

James Stenson, experto en educación, consultor para distintas escuelas de EE.UU y otros países, sigue hablando con optimismo, esperanza y sentido del humor, del gran reto para los padres de todas las épocas. De frutos maravillosos y de inmensa alegría.
Su investigación procede de más de veinte años de trabajo con familias en dos escuelas privadas: The Heights School, en Washington D.C., y Northridge Preparatory School en Chicago.
Como director, trató personalmente a cientos de familias. A lo largo de sus constantes conversaciones con padres y madres, trató de percibir las diferencias, buscar un patrón de vida familiar entre los padres que habían triunfado en la educación de sus hijos. ¿Qué tenían en común esos hombres y mujeres? ¿Cómo se las arreglaban para hacerlo bien? ¿Qué podían aprender otros padres a partir de su experiencia?
Narrando cientos de ejemplos y anécdotas reales, dibuja los diferentes obstáculos que encontramos en la sociedad actual y que minan el papel orientador del padre y aporta soluciones para superarlos. Recoge numerosos aciertos y errores en temas de normas familiares, disciplina, escolarización, deporte, ocio, medios de comunicación y graba en los corazones de los padres las bases de una educación afectuosa y firme al mismo tiempo.