Este es un viaje muy importante en el pontificado de Benedicto XVI: la comunidad católica es muy pequeña, pero está en juego la cuestión de la unidad de los cristianos. Recogemos la crónica del VIS (Vatican Information Service)

Benedicto XVI, el primer pontífice que visita Chipre, aterrizó esta mañana a las 14,00 (hora local) en el aeropuerto de Paphos, dando inicio a su decimosexto viaje apostólico. A su llegada fue recibido por el presidente chipriota, Demetris Christofias y por su esposa.

Acogieron también al Santo Padre el nuncio apostólico en Chipre, arzobispo Antonio Franco, el arzobispo Joseph Soueif, de Chipre de los Maronitas, Su Beatitud Fouad Twal, patriarca de Jerusalén de los Latinos, padre Pierbattista Pizzaballa, Custodio de Tierra Santa y Su Beatitud Crisóstomos II, arzobispo ortodoxo de Chipre.

El Santo Padre llegó a las 15,15 (hora de Chipre) a la iglesia de Agia Kiriaki Chrysopolitissa (Santa Ciriaca Chrysopolitissa), lugar de culto ortodoxo abierto desde 1987 a los católicos y anglicanos por voluntad del entonces obispo ortodoxo de Paphos y actual arzobispo de Chipre, Su Beatitud Chrisóstomos II. La iglesia se asoma a unas ruinas donde se encuentran los restos de la basílica paleocristiana del siglo IV y muy cerca la “Columna de San Pablo”, objeto de devoción popular y ligada a la estancia del Apóstol de las Gentes en la isla

A su llegada, el Papa fue recibido por el párroco de la comunidad latina y después de rezar unos minutos en silencio en el templo, salió por la antigua puerta central para saludar a los fieles reunidos en la zona arqueológica. El arzobispo ortodoxo de Chipre, Su Beatitud Crisóstomos II, saludó a Benedicto XVI y después de la lectura del relato del primer viaje de San Bernabé y San Pablo a la isla, el pontífice pronunció un discurso:

Desde este lugar, dijo el Papa, “el mensaje del Evangelio comenzó a extenderse por todo el Imperio y la Iglesia fundada sobre la predicación apostólica, fue capaz de plantar raíces en todo el mundo entonces conocido”.

Por eso, “la Iglesia de Chipre puede sentirse legítimamente orgullosa de sus lazos directos con la predicación de Pablo, Bernabé y Marcos y de la comunión en la fe apostólica, que la une a todas las iglesias que tienen la misma regla de fe. Esta es la comunión real, aunque imperfecta, que ya nos une y nos impulsa a superar nuestras divisiones y luchar para restaurar la plena unidad visible que el Señor desea para todos sus seguidores”.

“La comunión eclesial en la fe apostólica es a la vez un don y una llamada a la misión”, subrayó el Papa. Por eso, todos los cristianos deben dar “testimonio profético del Señor resucitado y de su Evangelio de reconciliación, misericordia y paz. En este contexto, la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos (…) reflexionará sobre el papel vital de los cristianos en la región, los animará en su testimonio del Evangelio y los ayudará a fomentar un mayor diálogo y cooperación entre los cristianos en la región. Es significativo que los trabajos del Sínodo se enriquezcan con la presencia de delegados fraternos de otras Iglesias y comunidades cristianas de la zona, como un signo de compromiso compartido al servicio de la Palabra de Dios y de nuestra apertura a la fuerza de su gracia que reconcilia”.

La unidad de todos los discípulos de Cristo, prosiguió el pontífice, “es un don que se implora al Padre, con la esperanza de que refuerce el testimonio del Evangelio en el mundo de hoy. (…) Hace cien años, durante la Conferencia Misionera de Edimburgo, la aguda conciencia de que las divisiones entre los cristianos eran un obstáculo para la difusión del Evangelio dio origen al movimiento ecuménico moderno. Hoy debemos estar agradecidos al Señor, que, a través de su Espíritu, nos ha llevado especialmente en las últimas décadas a redescubrir la rica herencia apostólica compartida por Oriente y Occidente y, mediante un diálogo paciente y sincero, a encontrar los caminos para acercarnos unos a otros, superando las controversias del pasado y mirando hacia un futuro mejor”.

“La Iglesia de Chipre, que ha demostrado ser un puente entre Oriente y Occidente, ha contribuido mucho a este proceso de reconciliación. El camino que lleva a la meta de la plena comunión no estará, ciertamente, exento de dificultades, pero la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa de Chipre se han comprometido a avanzar en el camino del diálogo y la cooperación fraterna”.

“¡Que el Espíritu Santo ilumine nuestras mentes y fortalezca nuestra decisión, para que juntos podamos llevar el mensaje de salvación a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que tienen sed de esa verdad que lleva a la auténtica libertad y a la salvación, esa verdad, cuyo nombre es Jesucristo! “, finalizó el Santo Padre.

Después de rezar el Padrenuestro y escuchar un canto bizantino, el Papa volvió a entrar en la iglesia y bendijo una placa que se colocará en una nueva residencia de ancianos realizada por la comunidad católica de Chipre. Desde allí se desplazó en automóvil a Nicosia, capital de la isla.

Un gran apoyo al Papa

18 Mayo 2010

El domingo pasado, más de 200.000 personas se reunieron en la Plaza de San Pedro para hacer sentir a Benedicto XVI su cercanía.

El Papa agradeció emocionado el gesto.

“Os doy las gracias de corazón, queridos hermanos y hermanas, por vuestra cálida y numerosa presencia!”.

“Queridos amigos –continuó-, hoy demostráis el gran afecto y la profunda cercanía de la Iglesia y del pueblo italiano al Papa y a vuestros sacerdotes, que diariamente os atienden, para que en el compromiso de renovación espiritual y moral podamos servir cada vez mejor a la Iglesia, el Pueblo de Dios, y a cuantos se dirigen a nosotros con confianza”.

El Santo Padre afirmó que “el verdadero enemigo que hay que temer y combatir es el pecado, el mal espiritual, que a veces, por desgracia, también contagia a los miembros de la Iglesia. Vivimos en el mundo, dice el Señor, pero no somos del mundo, aunque tenemos que estar precavidos ante sus seducciones. Por el contrario, debemos tener miedo del pecado y por este motivo estar profundamente arraigados en Dios, siendo solidarios en el bien, en el amor, en el servicio. Es lo que la Iglesia, sus ministros, unidos a sus fieles, han hecho y siguen haciendo con ferviente compromiso por el bien espiritual y material de las personas en todas las partes del mundo. Es lo que especialmente vosotros tratáis de hacer habitualmente en la parroquias, en las asociaciones y en los movimientos: servir a Dios y al hombre en el nombre de Cristo”.

El Papa concluyó animando a “seguir juntos con confianza en este camino, y que las pruebas, que el Señor permite nos lleven a una mayor radicalidad y coherencia. Es hermoso ver hoy esta multitud en la Plaza de San Pedro, así como ha sido emocionante para mí ver en Fátima la inmensa multitud que, escuchando a María, ha rezado por la conversión de los corazones. Renuevo hoy este llamamiento, alentado por vuestra presencia tan numerosa. ¡Gracias!”.

Dentro de unos meses y de un año nos tocará a España recibir al Papa y mostrarle nuestro apoyo.  Que sepamos estar a la altura.

Retamar está en estos momentos empezando a organizar actos para la JMJ: os pedimos vuestro apoyo.

Del Papa en Lisboa

13 Mayo 2010

Tras poner de relieve que “Cristo no se halla a dos mil años de distancia, sino que está realmente presente entre nosotros y nos da la verdad, nos da la luz que nos hace vivir y encontrar el camino hacia el futuro”, Benedicto XVI subrayó que está “presente en su palabra, en la asamblea del Pueblo de Dios con sus pastores, y de modo eminente, en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, y está aquí con nosotros”.

El Santo Padre señaló que si bien en la Iglesia “hay hijos reacios e incluso rebeldes, en los santos reconoce sus rasgos característicos y precisamente en ellos, saborea su alegría más profunda”

“Es necesario volver a anunciar con vigor y alegría el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo, corazón del cristianismo, núcleo y fundamento de nuestra fe, palanca poderosa de nuestras certezas, viento impetuoso que barre todo miedo e indecisión, duda y cálculo humanos. La resurrección de Cristo nos asegura que ninguna fuerza contraria podrá jamás destruir la Iglesia”.

“Por tanto –añadió-, nuestra fe tiene un fundamento, pero es necesario que se haga vida en cada uno de nosotros. (…) Solo Cristo puede satisfacer plenamente las aspiraciones más profundas de todo corazón humano y responder a sus cuestiones más inquietantes sobre el sufrimiento, la injusticia y el mal, la muerte y la vida en el más allá”.

Benedicto XVI alentó a los fieles a “no dudar nunca de la presencia de Cristo. Buscad siempre al Señor Jesús, creced en la amistad con Él, recibidlo en la comunión. Aprended a escuchar su palabra y a reconocerlo en los pobres. Vivid vuestra existencia con alegría y entusiasmo, seguros de su presencia y de su amistad gratuita, generosa, fiel hasta la muerte de cruz”.

“Testimoniad a todos -concluyó- la alegría de su presencia fuerte y suave, empezando por vuestros coetáneos. Decidles que es hermoso ser amigo de Jesús y que vale la pena seguirlo. Mostrad con vuestro entusiasmo que, entre tantas formas de vivir que el mundo parece ofrecernos hoy -todas aparentemente del mismo nivel- la única en la que se halla el verdadero sentido de la vida y por tanto, la alegría verdadera y duradera, es siguiendo a Jesús”.

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El viaje del Papa a Fátima no es un viaje más. Quizá sea el VIAJE de Benedicto XVI. Y eso que ha hecho viajes muy claves: Israel, Auschwitz, USA, África, España, Alemania, Australia…

En éste, va a la tierra de María. Va en un momento delicado para la vida de la Iglesia (y del mundo, no lo olvidemos). Va en un año sacerdotal, cuando el sacerdocio se está purificando…

El Papa ha dicho en el encuentro con los periodistas que volaban con él a Portugal que se sigue cumpliendo parte del tercer secreto de Fátima: ese personaje de blanco que sufre es hoy Benedicto XVI que sufre en un silencio atronador por los pecados de los hombres de Iglesia, que sufre por el ataque a la Iglesia y a Dios (no podemos dejar de pensar que es un ataque en toda regla: la pederastia les da igual…). Y señala que serán todos los Papas hasta el fin del mundo. La tercera respuesta es impresionante. Está en italiano, pero se comprende bien:

“la gran persecución que sufre la Iglesia no viene de fuera sino que nace del pecado en la Iglesia y la Iglesia por tanto tiene una necesidad profunda de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender por una parte el perdón, pero también de otra, la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia. En un palabra, debemos volver a aprender algo esencial: la conversión, la oración, la penitencia y las virtudes teologales”

Hay que rezar para no dejar solo al Papa. Os animamos a seguir el viaje del Papa: se puede seguir aquí, casi día a día.

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Publica hoy ABC, en su tercera página una carta del Prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarria sobre el aniversario que vivimos ayer: la elección del Papa.

Y lo hace precisamente hoy, decimosexto aniversario de su elección y nombramiento como Prelado del Opus Dei.

Unas palabras, entre otras muchas, puede ser éstas:

Entre los motivos de reconocimiento a Benedicto XVI, quisiera resaltar su acción constante por dar a conocer al Dios cercano.

Seguir aquí.

Éstas son unas palabras excepcionales que el Papa pronunció pocos días después de ser elegido, ante un reducido grupo de peregrinos alemanes:

 ”Quiero deciros algo del cónclave, sin violar el secreto. Nunca pensé en ser elegido Papa, ni hice nada para que así fuese. Cuando, lentamente, el desarrollo de las votaciones me permitió comprender que, por decirlo así, la ‘guillotina’ caería sobre mí, me quedé desconcertado. Creía que había realizado ya la obra de toda una vida y que podía esperar terminar tranquilamente mis días. Con profunda convicción dije al Señor: ¡no me hagas esto! Tienes personas más jóvenes y mejores, que pueden afrontar esta gran tarea con un entusiasmo y una fuerza totalmente diferentes. Pero me impactó mucho una breve nota que me escribió un hermano del Colegio Cardenalicio. Me recordaba que durante la Misa por Juan Pablo II yo había centrado la homilía en la palabra del Evangelio que el Señor dirigió a Pedro a orillas del lago de Genesaret: ¡Sígueme! Yo había explicado cómo Karol Wojtyla había recibido siempre de nuevo esta llamada del Señor y continuamente había debido renunciar a muchas cosas, limitándose a decir: Sí, te sigo, aunque me lleves a donde no quisiera. Ese hermano cardenal me escribía en su nota: “Si el Señor te dijera ahora ’sígueme’, acuérdate de lo que predicaste. No lo rechaces. Sé obediente, como describiste al gran Papa, que ha vuelto a la casa del Padre”. Esto me llegó al corazón. Los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien. Así, al final, no me quedó otra opción que decir que sí. Confío en el Señor, y confío en vosotros, queridos amigos. Como os dije ayer, un cristiano jamás está solo.”

El Papa cumple 83 años. Son años, y más para estar al frente de la Iglesia. Por eso hay que rezar especialmente por él.
Está sosteniendo la Barca de Pedro con todas sus fuerzas, que son las de Dios.
Por eso, la Iglesia lleva 2000 años y seguirá para siempre. Si no, no se entiende que una persona que en condiciones normales llevaría una vida retirada y tranquila esté llevando el peso de la Iglesia. Está claro que esto es algo de Dios.
Son momentos difíciles para el Papa y la Iglesia. Por eso, desde la Capellanía del colegio hemos preparado esta entrada con cariño y con oración.

En ella queremos poner algunos artículos que últimamente han ido apareciendo en la prensa y en internet y que tienen un gran valor por las ideas que muestran y por las personas que los escriben.
En primer lugar, nos parecen muy acertadas los artículos que escribe desde Roma el actual decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Santa Cruz: lleva muchos años en Roma, informando a España y por el puesto que tiene y su experiencia, maneja mucha información y la sabe comunicar. Se puede ver aquí: La Iglesia en la prensa.

Otro artículo muy interesante, por estar firmado por Marcello Pera, ex-presidente del Senado italiano, agnóstico, aunque muy cercano al cristianismo. Es muy claro. Se puede leer aquí.

Massimo Introvigne es un conocido sociólogo de la religión. Aquí se puede ver un artículo suyo: Un caso de “pánico moral”.

Por último, en este mismo blog hemos ido poniendo algunas entradas que pueden volver a ser recordadas: el artículo de Navarro Valls, la carta del Papa a los irlandeses (muy especial ya que se palpa el gran dolor del Papa; os animamos a leerla: son sólo 15 minutos), el magnífico vídeo sobre Benedicto XVI (Do you know Benedict XVI?).

De nuevo, Santo Padre, muchas felicidades.

navarro

El artículo publicado por Joaquín Navarro-Valls en el diario la Repubblica (”Il Papa e lo scandalo della pedofilia” 01-04-10, pag. 35) ha suscitado gran interés en Italia y lo mismo su traducción en inglés (National Catholic Register: Navarro-Valls on the Abuse Crisis), en Estados Unidos.
Y ante este amplísimo fenómeno del que se desconocen las fronteras, la profundidad y las repercusiones sociales, politicas y culturales, resulta que la actitud de la Iglesia sigue siendo la de la única institución que se ha tomado la cosa en serio.
Ofrecemos a continuación un breve resumen del artículo realizado por Juan José Gracía Noblejas.

En las dos últimas semanas los medios han llenado el espacio público con la dolorosa y destructiva realidad de los casos criminales de pedofilia.
La acusación se ha ido levantando progresivamente como consecuencia de una serie de revelaciones provenientes de diversos países europeos, tocantes a casos de abusos sexuales perpetrados a menores por parte de sacerdotes. Leyendo las informaciones parece incluso que se trate de un “scoop” gigantesco, y que ahora –gracias a estas geniales revelaciones- esté emergiendo un sotobosque podrido en el seno de la Iglesia católica.
Ciertamente, en Austria, en Alemania y en Irlanda, como en casi todos los países en los que hay una presencia consistente de escuelas y organizaciones educativas eclesiásticas, ha habido fenómenos criminales graves de violaciones de la dignidad de la infancia. El hecho es conocido. Y no es casualidad que en el Vía Crucis de 2005, el entonces cardenal Joseph Ratzinger no usara medias palabras cuando revelaba con disgusto: «!Cuánta suciedad hay en la Iglesia! Incluso entre quienes, en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a Jesús. ¡Cuánta soberbia! ¡Cuánta autosuficiencia!». Quizá lo hemos olvidado. Por tanto, se puede sin temor a un desmentido revelar que el problema existe en la Iglesia, es conocido por la Iglesia, y ha sido y será más adelante afrontado con decisión por parte de la misma Iglesia en el futuro.
Con todo, vamos a intentar reflexionar por un momento sobre la manifestación de la pedofilia en sí misma. Desde mi experiencia como médico puedo evidenciar algunos datos importantes, útiles para entender la gravedad y la difusión del problema.
Las estadísticas más acreditadas son elocuentes. Certifican que 1 chica de cada 3 ha sufrido abusos sexuales, y que 1 chico de cada 5 ha sido objeto de actos de violencia. El hecho verdaderamente inquietante, divulgado no sólo en las publicaciones científicas sino incluso en la CNN, nos dice que el porcentaje de quienes –según una muestra representativa de la población- han molestado sexualmente a un niño se mueve entre el 1 y el 5%. Es decir, una cifra impresionante.
Los actos de pedofilia han sido llevados a cabo por parte de los padres o de parientes cercanos. Hermanos, hermanas, madres, “canguros” o tíos, son los abusadores más comunes de los niños. Según el departamento de Justicia estadounidense casi todos los pedófilos acusados por la policía eran varones en un 90% de los casos. Según Diana Russell, el 90% de los abusos sexuales se lleva a cabo por personas que tienen conocimiento directo de las pequeñas víctimas, y permanecen dentro de la complicidad familiar.
Un aspecto destacado, por desgracia, es que en el 60% de los casos de violencia, quienes la sufren tienen menos de 12 años, y en la inmensa mayoría de los casos los abusadores son personas de sexo masculino y con parentesco de sangre con las víctimas.
Estas estadísticas muestran, por tanto, un cuadro claro y más bien amplio de la práctica de la violencia sobre la infancia. Teniendo en cuenta que estos datos se refieren únicamente a los hechos denunciados, patentes o de todos modos conocidos, podemos fácilmente imaginar la magnitud del dramatismo que se esconde tras esta realidad, aún más difundida en países que por razones culturales no consideran nítidamente que esta violencia sea una obscenidad aberrante.
Con esto, dirigir la atención exclusivamente sobre quienes de modo evidente pueden inscribirse en la categoría general de abusadores sexuales, siendo sin embargo sacerdotes, puede ser verdaderamente una desviación del asunto. En este caso, en efecto, el porcentaje desciende hasta convertirse en un fenómeno estadísticamente mínimo.
Cierto que nada podrá apartar los sentimientos y la vergüenza que se siente ante estas revelaciones recientes referidas a la Iglesia, incluso aunque se refieran a hechos sucedidos hace decenios y probablemente cubiertos con gravísimas formas de complicidad. Podemos estar seguros, partiendo de la carta pastoral a Irlanda, de la semana pasada, de que Benedicto XVI tomará todas las medidas que serán necesarias para expeler a los culpables y juzgarlos sobre los crímenes reales cometidos por las personas implicadas.
¿Por qué no debería hacerlo? ¿Qué utilidad tendría eso?
De todos modos, evitemos caer en la trampa de la hipocresía, sobre todo al estilo de la puesta recientemente en escena por el New York Times al referir el caso del reverendo Murphy. Porque ahí, la autora del artículo no valora, ni saca consecuencias, ni señala con relieve adecuado, el hecho de que la policía –que había recibido denuncias al respecto- lo había dejado libre como inocente.
¿Hay algún Estado que ha hecho una investigación en profundidad sobre este tremendo fenómeno, tomando medidas claras y explícitas –incluso preventivas- contra los abusos de pedofilia que hay entre los propios ciudadanos, en las familias, o en las instituciones educativas públicas? ¿Qué otra confesión religiosa se ha movido para desemboscar, denunciar y asumir públicamente el problema, sacándolo a la luz y persiguiéndolo explícitamente?
Evitemos, sobre todo, la insinceridad: la de concentrarnos sobre el limitado número de casos de pedofilia verificados en la Iglesia católica, sin abrir en cambio los ojos ante el drama de la infancia violada y abusada demasiado a menudo y por todas partes, pero sin escándalos.
Si deseamos combatir los delitos sexuales sobre los menores, al menos en nuestras sociedades democráticas, entonces debemos evitar ensuciarnos la conciencia, mirando exclusivamente hacia donde el fenómeno se produce con gravedad moral quizá incluso mayor, pero en medida ciertamente menor.
Antes de poder juzgar a quien hace algo, se debería tener los redaños y la honestidad de reconocer que no se está haciendo lo suficiente. Y procurar hacer algo semejante a lo que está haciendo el Papa. Si no es así, sería mejor dejar de hablar de pedofilia y comenzar a discutir acerca de la fobia furibunda desencadenada contra la Iglesia católica. Esta última acción, en efecto, parece hecha con gran habilidad y con escrúpulo meticuloso en la investigación, y –sin embargo- con evidente mala fe.
Fuente: Scriptorg

El Papa ha escrito a los jóvenes un mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud de 2010. Se puede leer el mensaje aquí.

Para descubrir el proyecto de vida que realmente os puede hacer felices, poneos a la escucha de Dios, que tiene un designio de amor para cada uno de vosotros. Decidle con confianza: «Señor, ¿cuál es tu designio de Creador y de Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla». Tened la seguridad de que os responderá. ¡No tengáis miedo de su respuesta! «Dios es mayor que nuestra conciencia y lo sabe todo» (1Jn 3,20).

Siguiendo el ejemplo de tantos discípulos de Cristo, también vosotros, queridos amigos, acoged con alegría la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo. En efecto, con el bautismo, Él llama a cada uno a seguirle con acciones concretas, a amarlo sobre todas las cosas y a servirle en los hermanos. El joven rico, desgraciadamente, no acogió la invitación de Jesús y se fue triste. No tuvo el valor de desprenderse de los bienes materiales para encontrar el bien más grande que le ofrecía Jesús.

La tristeza del joven rico del evangelio es la que nace en el corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de tomar la opción justa. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!

Con voz de pastor, padre, madre y maestro, elPapa escribe a la Iglesia en Irlanda, aunque nos está escribiendo a todos.

Se puede leer aquí.

A la vez, recomendamos leer estos dos artículos que ayudan a ser críticos con las noticias sobre estas cuestiones dolorosas.

El primero aquí y el segundo aquí.