Ese es el lema que de vez en cuando transmite la DGT, y en nuestra relación con Dios también se cumple. La Cuaresma es un tiempo especial de conversión, un tiempo privilegiado para volver a Dios, y el camino ordinario es el Sacramento de la Penitencia que es siempre una fuente de alegría.
Lo explican muy bien estas chicas:
Un buen artículo sobre el Sacramento del Perdón lo tienes aquí.